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relatos de buceo    
Morrocoy en el recuerdo...-17/04/2008

Como el sábado no pudimos pegarnos para bajar a bucear con el grupo de costumbre (debido a deberes alcohólicos y otros menesteres del viernes en la noche), Pancho y yo decidimos darnos un saltito a Morrocoy el domingo, con fines netamente exploratorios, aunque siempre listos con snorkel y otros enseres bajo el brazo....

Salimos de Caracas a eso de las 5:40 de la mañana, unos 30 minutos después de lo planeado, ya que una de las chicas, -quien de paso no bucea- nos hizo esperar mientras se le pasaba su borrachera del sábado.

Después de cuatro peajes y una parada en la Estación de Servicio para hacer pipí y comprar pendejadas de última hora, llegamos a Tucacas, puerto de embarque al Parque Nacional Morrocoy, a eso de las 8 am. Después de invertir unos minutos recorriendo el pueblo, más perdidos que Adán el día de las madres, finalmente ¡eureka! ubicamos la primera bandera roja con la franja blanca (bueno, algún día fue roja, ahora era casi blanca, con la franja transparente)

Entramos al recinto (una casa vieja con muchas ventanas) y nos atendió Cheo, un negrito barrigón como de 1.80 mts de estatura. Eran casi las 8:30 y estaba abriendo el local. Por el estado de su franelilla blanca (similar al de la bandera), el ombligo o maruto perfectamente visible, hacía una bonita combinación con los juanetes y callos que sobresalían de sus alpargatas.

Como nuestros planes eran averiguar precios y ubicaciones de las operadoras para futuras inmersiones, y lógicamente indagar acerca del estado de los equipos, procedimos a realizar la respectiva inspección ocular de la taguara en cuestión. Como resultado, Cheo nos comentó en su agradable acento costeño que para el “deitur” de dos inmersiones teníamos dos opciones:
-Chamo, treinta lucas (unos 40 Dólares) si traes tus peroles, y cincuenta mil bolos (70 Dólares) si quieres todos los hierros....
A lo cual preguntamos inocentemente:
-¿Incluye el traje?
-Claro chamo! Míralos ahí....
Sin más comentarios, cabe destacar que los trajes en el armario presentaban el mismo estado de conservación espontánea que la bandera y la franela de Cheo....
A pesar de que mi partner Pancho, su novia y mi amiga (esta última ya con la cara amarilla) estaban saliendo en fila de la tienda, desencantados y con un brochure en blanco y negro en la mano (cuales evangélicos un domingo en la mañana), insistí en inspeccionar un poco más el equipo, por lo que osada e irresponsablemente (lo reconozco) me atreví a pasar a la trastienda...
Allí pude ver un extenso surtido variopinto de tanques con y sin válvula, con y sin pintura, decorados con todo tipo de rayones, acostados, parados y hasta uno colgado en una pared del cual nunca supe si era un extintor de fuego o un nuevo modelo de tanque rojo con una sola manguera.
Como para rematar el cuadro, al final del patio se veía un compresor que se me pareció a uno de los molinos que llevan esos camiones Diesel que venden jugo de caña de azúcar en algunos pueblos... y una vasija gigante en la que había todo un ecosistema subacuático en miniatura, donde convivían larvas de mosquitos, sapitos y renacuajos.... hasta creo haber visto al fondo del patio una gallina picoteando a una lombriz, pero no sé si fue que me retrotraje a un dibujo de la cadena alimenticia o algo así...
Salí de aquel sitio como si me acabara de leer un cuento de García Márquez, por un momento me entristecí, porque pensé "hoy no hay inmersión", pero al salir, un anuncio de Cerveza Regional me recordó automáticamente que finalmente iba a poder tomarme unas frías en una playa, después de casi dos meses consecutivos sin hacerlo... gajes del buceo!
Justo antes de cruzar la puerta, Cheo inocentemente nos pregunta:
-Y ustedes, van hoy con “froiman”?
Nuestra perspicaz mente se aceleró a 18 metros por minuto, expandiendo a razón de -1 Atmósfera por cada diez metros nuestros pensamientos. Volteamos, y vemos a la graciosa figura regordeta de Cheo, como iluminado con un haz de luz que venía del patio, y le preguntamos con cara de guardia civil:
-¿froiman? ¿dónde queda eso?

Inmediatamente abordamos el auto y recorrimos la larga distancia de aproximadamente cincuenta metros, cuando encontramos a froiman... Instantáneamente nos dimos cuenta de lo que Cheo realmente había querido decir con ese vocablo casi onomatopéyico...
Se llama Frogman Dive Center y es en realidad lo que yo llamaría un modelo de calidad de servicio en operadoras de buceo. Aunque hay que confesar que los trajes estaban un poco gastados, después de ver lo bien organizados que están, y el trato amable que nos dieron, dictaminé democráticamente: "Pancho, la inmersión va". Por lo mismo que nos cobraba Cheo, Frogman, atendida por su dueño "Manolo" (quien por cierto es de orígen Gallego, como lo pudo descubrir una de las chicas, luego de hacer un pesado chiste sobre este gentilicio en presencia de su papá, su mamá y su esposa) nos llevó a unas inmersiones que en términos técnicos se diría que fueron bien de pinga...
Hicimos el daytour (no el “deitur”) con una inmersión en Cayo Norte y otra en Cayo Sur, y puedo decirles que de verdad la pasamos del carajo (excepto mi amiga la borrachita, porque entre la resaca y los movimientos del bote la hicieron jugar al dragón como 37 veces, y la novia de mi amigo, quien por supuesto que se la tuvo que calar...) La atención es de primera, luego de cada inmersión, Manolo circuló las unas bandejitas con Mango y Piña pelados y cortados, fríos y listos para hartárselos...
El recorrido lo hicimos en dos botes, uno techado donde comodón Johnson va la gente y los equipos, y otro descubierto para los tanques de recambio, los refrigerios y un negrito. Desde que pautamos la salida, Manolo se comunicó con la marina por radio para que prepararan los botes (sí, la lancha tiene radio, GPS y sonar!)
El bote techado está completamente equipado y viajamos cómodos varias personas, tanques y equipos completos para todos. Manolo y otros dos Divemaster nos ayudaron a ponernos los equipos, te explican todo al detalle y de verdad te sientes en confianza.

Para mí, la primera inmersión fue sencillamente espectacular, pero la segunda fue arrechísima...
En Cayo Norte, el color del agua es indescriptible, azul turquesa y desde la superficie, puedes ver el fondo del mar que tiene unos 25 mts de profundidad en el punto donde anclamos. Allí descendimos por unos 40 minutos, y les puedo decir que ni en los mejores días de Chichiriviche (donde veníamos haciendo las inmersiones hasta ahora) se tiene esa excelente visibilidad. Entre montones de peces y corales, vimos una Morena GIGANTE, de color verde, a la que unos maracuchos que iban con nosotros la llaman congrosaurio, o algo así.... ni Pancho ni yo pudimos aprendernos el nombre verdadero, aunque ya saben que los maracuchos en Venezuela son como los texanos en USA, que exageran y suelen cambiarle el nombre a todo. Por ejemplo, a los vendedores ambulantes de helados les dicen "poleros", a las sandalias "chinelas" y a las morenas verdes gigantes les dicen "un congrio vergatario"....
La segunda inmersión fue de pinga (conscientes que por contar esto, nos van a decir sacaculos a Pancho y a mí por un buen tiempo, pero hay que contárselos) llegamos nada más y nada menos que hasta un barco pesquero hundido... (sí, ya sabemos que el video de PADI dice que primero hagas el curso, pero que carajo..!) y aunque la visibilidad en ese punto no era muy buena, a mí me pareció que habíamos descubierto al Titanic! Pero lo mejor y más memorable vino después, pues estuvimos merodeando alrededor del barco y zas! Nos encontramos con un MERO GIGANTE de casi 2 mts, que debe pesar como una tonelada!!! Es verdad, coño, se los juramos por las 12 madres de los que estuvimos ahí... Manolo nos explicó que ese MEROSAURIO vive ahí, y que sólo a veces sale a saludar! (se dirá que tuvimos buena leche? Desde hace cinco meses no lo veían...)
Entre otros detalles, y aunque uno siempre está más cómodo con su equipo -que lo diga Pancho, que dejó las aletas en su casa y tuvo que amortiguar las alquiladas con medias - (se veía muy cuchi), puedes irte prácticamente sin nada, porque los 50K te incluyen todo, el equipo ligero, pesado, los dos tanques, los mangos (para que no tengas que robártelos como hizo Pancho una vez en la posada de José Antonio), y la maravilla que para la segunda inmersión el equipo te lo arman ellos. A mí de paso, me rebajaron 2 mil bolos por que llevé todo el equipo liviano y los plomos. Los acompañantes que no buceen salen en 15K c/u (unos 20 USD) y también tienen derecho a los mangos, y se puede pedir unos snorkels adicionales para cuando se les acaben los mocos mientras esperan arriba...
Bueno, el objetivo de la misión que era traer los teléfonos, conocer el sitio y la gente, fue cumplido con creces y sin desmerecer a nuestra alma mater, podemos decir que es esta opción es del carajo... y Morrocoy, ni hablar... hay miles de posadas, está desde el Hotel Azo hasta el Hotel Ucho...
Finalmente, llegamos a Caracas como a las 10 de la noche, medio muertos y arrastrando los plomos, pero les digo que los monstruos marinos y el barco hundido definitivamente valieron la pena...
Sólo me quedaba en la mente una pregunta...
-Pancho: ¿Cómo les habrá ido a nuestros compañeros de costumbre..?


Epílogo (respuesta de Gabriel, una semana después):
Que tal a todos.
Creo que Carolina les contó como nos fue a nosotros en Morrocoy, la verdad es que nos fue de maravilla, aunque me comentó que se le olvidó mencionar que vimos a una manada de delfines, dos de los cuales alumbraron frente a nuestros ojos, fue arrechísimo. Además, tuvimos la oportunidad de ver a una manada de ballenas azules, pingüinos, focas, langostas, sirenas, botutos, coro-coros, y un poco de cosas mas, como verán (manuel y pancho) nuestro fin de semana fue un pelín mejor que su escapada a morrocoy de la semana anterior, si nos hubieran avisado probablemente hubiesen tenido mejor suerte, pero bueno que mas da..!
Gabriel.

De nuestros archivos del recuerdo, escrito por ahí en junio de 2001…
Manux

 
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